La vivienda: de necesidad básica a problema estructural
- marketing52207
- 6 ene
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Actualizado: 7 ene

La vivienda dejó de ser un espacio de estabilidad y se convirtió en la principal fuente de incertidumbre económica de millones de personas.
La necesidad de la vivienda es un instinto básico para el ser humano desde la prehistoria y se relaciona a la seguridad y la supervivencia. En la actualidad aunque esto parezca algo obvio, hay millones de personas que tienen un estrés crónico que tiene como base la falta de vivienda, y no porque estén en “estado de calle”, sino porque no tienen certeza año tras año de permanecer en el lugar donde tienen un contrato y conviven a diario con la incertidumbre de cuáles serán las condiciones de renovación y si contarán con los montos extras que demanda la terminación de un contrato.
En Argentina, no hay un marco legal, cosa que en una economía madura y estable no sería demasiado problema, pero en esta economía, aún en proceso de estabilización, aquellos que alquilan resultan en una posición muy débil para negociar términos que los protejan o favorezcan.
Quien tiene una propiedad para alquilar, en un mercado con déficit de viviendas, tiene la potestad de imponer términos que en muchos casos son hasta absurdos e innecesarios, ya que es sabido que la población inquilina tiene una tasa de morosidad muy baja. Por ejemplo, el plazo de un contrato de alquiler puede ser corto sin ser considerado temporario, y sin especificar el método de actualización de precios, pueden exigir pagos de expensas extraordinarias posterior al contrato, pagos para renovación de contratos y comisiones ilegales.
Los problemas que enfrentan los inquilinos son aumentos más frecuentes, familias que se endeudan para afrontar gastos que no tenían contemplado, adultos mayores que vuelven a trabajar, jóvenes que regresan a la casa de sus padres, y el más grave, la constante incertidumbre sobre el futuro de su vivienda, imposibilidad de planificar o de disfrutar de un hogar enfrentando el constante riesgo de perder lo más esencial. La inseguridad habitacional no siempre expulsa, pero desgasta.
Segun la Encuesta Inquilina (IDAESS- UNSAM), al 31 de diciembre del 2025 el 93 % de la población inquilina a nivel país se encuentra al día con el pago del alquiler. En una familia con hijos jóvenes adultos, éstos ingresan temprano al mercado laboral para ayudar a pagar el alquiler. Hay familias que en 5 años se han mudado 3 o más veces y sólo un bajo porcentaje lo hizo en búsqueda de una mejora.
Según la encuesta, el 70% aproximadamente de los ingresos de la población inquilina se destina a la vivienda. Los inquilinos trabajan para pagar el alquiler y los gastos excesivos que no les corresponden y además recortan gastos como salidas, entretenimiento e incluso en la cantidad y calidad de las comidas diarias. La vivienda se ha convertido en un foco de angustia y estrés, lo opuesto a lo que debería ser.
La incertidumbre habitacional no es una incomodidad: es una forma de violencia silenciosa que atraviesa la vida cotidiana de millones de personas que cumplen, pagan y aun así viven sin garantías.
Resolver esta problemática social es una inversión con retornos tangibles y de largo plazo. Invertir no en un negocio inmobiliario sino en la provisión de viviendas con un plan de estabilidad, otorgando la seguridad y la dignidad que necesitan millones de inquilinos y que está probado que es un sector que valora y está dispuesto a hacer sacrificios por este bien que hoy se le es negado, es capturar pagos mensuales con más del 93% de cumplimiento dato que con seguridad aumentará si se ofrecen las condiciones que promuevan el crecimiento personal y como consecuencia, el económico del sector.



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